Educación financiera en la escuela: mucho anuncio, poca realidad

En Argentina, la educación financiera es obligatoria en la escuela solo en el nivel primario y solo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Y aun así, no contamos con docentes formados para darla. Te explico por qué lo digo y en qué me baso.

Lo que dice la norma

En 2018, la sanción de la Ley 27.440 de Financiamiento Productivo marcó un primer paso: esa norma le encomienda al Poder Ejecutivo nacional elaborar una estrategia de inclusión financiera que contemple la incorporación de la educación financiera en la currícula del nivel secundario. Un año después, en 2019, se aprobó el Plan Nacional de Educación Financiera (PNEF), con el objetivo de mejorar las capacidades financieras de la población y promover el acceso y uso responsable de los servicios financieros. Entre sus acciones estratégicas figura, precisamente, la incorporación de contenidos financieros en la escuela.

Hasta ahí, el papel. Porque en la práctica, ninguna de esas normas se tradujo en una modificación de los diseños curriculares jurisdiccionales. El diseño curricular de la Nueva Escuela Secundaria de CABA (NES), vigente desde 2015, no incluye la educación financiera como contenido. En el Congreso Nacional se presentaron proyectos de ley por distintos bloques —en 2021, 2022 y 2024— que proponen hacerla obligatoria en la escuela secundaria de todo el país. Ninguno fue sancionado. La Ley 27.440 encomendó algo que, hasta hoy, no se cumplió.

Lo que CABA hizo en primaria

La única novedad concreta y vigente es la de CABA para el nivel primario. A través de la Resolución N° 2271/MEDGC/24, firmada el 13 de septiembre de 2024, el Ministerio de Educación de la Ciudad aprobó un nuevo diseño curricular para el nivel primario, que entró en vigencia en el ciclo lectivo 2025 en las 889 escuelas —de gestión estatal y privada— de la Ciudad. El nuevo diseño, enmarcado en el Plan Estratégico "Buenos Aires Aprende", incorpora la "Educación Financiera para la Vida" como temática transversal del segundo ciclo, es decir, de 4° a 7° grado. Su objetivo declarado es preparar a los estudiantes para tomar decisiones informadas y responsables en materia financiera.

Vale aclarar qué significa "temática transversal" en este contexto: no es una materia con carga horaria propia ni un espacio curricular autónomo. Es un contenido que se integra dentro de las áreas existentes, sin tiempo específico asignado ni docente especializado a cargo. Queda librado a la planificación de cada escuela y de cada maestro de grado.

La brecha entre la norma y el aula

Y aquí aparece el problema central. La Formación Situada 2025 —el sistema oficial de capacitación docente continua de CABA, a cargo de la Escuela de Maestros— organizó sus instancias de formación con foco en Lengua, Matemática y Ciencias. La educación financiera no figura como eje de capacitación en ninguna de las instancias documentadas del año: ni en febrero, ni a lo largo del ciclo, ni en diciembre de 2025. En el propio documento curricular, el área de "Educación Financiera para la Vida" tuvo una única especialista a cargo de su redacción. Eso habla del proceso de elaboración del currículo, no de la formación de los 28.000 docentes que deben implementarlo.

Un maestro de grado que hoy tiene que abordar el presupuesto familiar, el ahorro, el crédito o los instrumentos financieros básicos, en la mayoría de los casos no recibió ninguna preparación para hacerlo. No es una crítica a los docentes: es una crítica al sistema. Pedirle a alguien que enseñe lo que nunca aprendió es colocar la norma como decoración.

¿Por qué importa esto desde el derecho del consumidor?

Porque en mi trabajo diario como conciliadora de consumo en CABA veo las consecuencias concretas de esta ausencia. Personas que firmaron contratos de crédito sin entender qué es el CFT, que tomaron cuotas sin saber cómo funcionaba el interés compensatorio, que aceptaron condiciones de tarjetas sin haber leído —o podido leer— la letra chica. El sobreendeudamiento no es solo un problema de malas decisiones individuales: es, en gran medida, el resultado de años de no haber recibido herramientas básicas para moverse en el mercado financiero.

La educación financiera es, desde mi perspectiva, una herramienta de protección del consumidor que va más allá de la información. Como ya escribí en este blog, poner información a disposición del consumidor no garantiza que esté verdaderamente informado. La educación financiera apunta a algo más profundo: construir la capacidad de comprender, evaluar y decidir. Y eso empieza mucho antes de que el conflicto llegue a una instancia de conciliación.

Lo que falta

Que la educación financiera sea transversal en el nivel primario de CABA es un avance que celebro. Pero no alcanza. Hace falta que llegue a la secundaria, que llegue a todo el país, y —sobre todo— que venga acompañada de formación docente real y sostenida en el tiempo. Sin ese paso, la norma queda en el papel. Y el consumidor del mañana sigue desprotegido desde hoy.

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